ASTURIAS: El Lobo nubla el verano en los puertos
Los ganaderos de la región abordan en estas fechas el traslado de sus reses a los pastos de alta montaña y, tras el final de la estabulación, temen las pérdidas que causan los ataques de los cánidos Los grupos conservacionistas abogan por conciliar los intereses económicos con los ecológicos
MARCO MENÉNDEZ/GIJÓN
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AMIEVA. Una pareja fotografía dos lobos recién abatidos atados a la parte trasera de un todoterreno, en febrero de 2005. / NEL ACEBAL
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Los ganaderos asturianos comienzan a estar preocupados por el futuro de sus cabañas. La proliferación de los ataques de lobos en las últimas semanas y el fin de la época de estabulación del ganado hace que dos posturas contrapuestas -la actividad ganadera y la conservación del lobo- estén abocadas a enfrentarse un verano más. En las últimas semanas, los ataques del cánido se han venido produciendo en los montes de Mieres, en contraste con lo ocurrido en temporadas anteriores, donde la ganadería de la montaña oriental era la que tenía que soportar el mayor número de ataques. Pero durante el invierno también se han producido daños por la acción del lobo de forma esporádica. Eso es lo que indica Alejando González, un productor de Ponga que es el presidente de la Asociación de Pastores y Ganaderos del Oriente de Asturias (APGOA): «Hasta hace poco, el ganado ha estado estabulado, pero durante el invierno ha habido ataques a cabras y ovejas. En concreto, en el concejo de Ponga se vieron afectados ganaderos de Carangas y Casielles. Además, sabemos que los lobos han estado matando animales durante todo el invierno. Ha habido bastantes daños». Esta asociación de ganaderos está tratando de que la guardería de Medio Ambiente evalúe los daños, así como la situación real en la que se encuentra la población de lobos en la montaña asturiana. La reciente declaración del territorio de Ponga como parque natural ha creado un estado de incertidumbre. «Estamos a la espera de que el plan de uso y gestión del parque incluya nuestras peticiones, que son otras que, cuando haya ataques repetidos de lobos en una zona determinada, se organicen batidas para matarlos. Por ejemplo, ahora tenemos controlada la existencia de, al menos, dos lobos en la zona de Carangas y otro en Casielles, ya que fueron vistos por los ganaderos. Creemos que el plan de gestión del parque ha de incluir una planificación con el número de lobos que se puedan abatir», indica Alejandro González. Al aire libre
La preocupación del sector va en aumento, ya que estas son las fechas fijadas para el traslado de todo el ganado vacuno a los puertos donde pasará el verano. Allí, las reses tendrán una menor vigilancia por parte de sus propietarios y estarán más expuestas al ataque de los cánidos. «Sabemos que seguirá habiendo daños, pero esperamos que sean menores que hace dos años. Ya en 2006 hubo menos ataques, porque fueron abatidos bastantes lobos en la zona del Cuera», añade González. En la zona oriental de la regiónse prevé que las áreas más afectadas por el lobo sean los concejos de Ponga, Amieva y todo el entorno de los Picos de Europa. Los vecinos mantienen la cautela sobre lo que ocurrirá en el Cuera, a pesar de que, de momento, los ataques se están concentrando en la zona mierense. En el otro brazo de la balanza están los conservacionistas. Una de las organizaciones más beligerantes en favor de la subsistencia del lobo es Ecoloxistes n'Acción. El responsable de la situación de la especie es Claudio Hermosilla, quien reconoce: «Estamos ante un asunto complejo, pues confluyen intereses diversos». «Entendemos a los ganaderos, porque viven de criar ganado y sufren daños en su economía. Pensamos que es necesario compaginar dos aspectos, como son la conservación del lobo en libertad y el que ello no suponga una pérdida económica para el sector ganadero», asegura Hermosilla. Lo cierto es que es imposible garantizar la presencia de estos cánidos en libertad en los montes asturianos sin que causen daños en la cabaña ganadera, ya que lobos y reses comparten un mismo territorio. Presión cinegética
Ante esta tesitura, Claudio Hermosilla considera que hay tres aspectos fundamentales que tener en cuenta. Se trata de que la Administración sea más ágil en la cuantificación y el pago de los daños a los ganaderos, garantizar la supervivencia del lobo y evitar que se formen partidas de caza ilegales de estos cánidos. Este conservacionista cree que la Administración regional ha de mejorar «el pago de los daños a los ganaderos, así como su trato con ellos, ya que les presenta demasiadas trabas burocráticas cuando sus reses sufren ataques de lobos. Pero es necesario garantizar la supervivencia en libertad de estos animales, y no en espacios cerrados. Hay que hacer un estudio riguroso de la situación de esta especie para saber cuántos hay en Asturias, para que tengamos una población suficiente que la soporte el ecosistema». La caza indiscriminada de estos animales es otro de los peligros, ya que «los cazadores se quieren sumar a la polémica, para que se dé al lobo el estatus de especie cinegética, con el fin de que ellos asuman el control de estos animales». Dada la gran movilidad que caracteriza a los lobos, no existen cálculos de cuántos ejemplares puede haber en las montañas asturianas, aunque sí parece claro que sus principales zonas de actuación son los Picos de Europa, el Cuera, los municipios de Amieva y Ponga, ,y más recientemente, los montes de Mieres. Lo cierto es que este animal salvaje está envuelta en una constante polémica, ya que, en opinión de Claudio Hermosilla, «no se sabe si es una especie que está en peligro o en una situación frágil, pero cualquier opinión que surja hay que relativizarla, ya que estos análisis sólo se hacen cuando aparecen los ataques. Es necesario hacer un seguimiento real de la especie».






































