La mirada del pueblo indio

"Las grandes llanuras, las bellas colinas, y las aguas que serpenteaban en muchos arroyos, a nuestros ojos no eran salvajes. Sólo para el hombre blanco la naturaleza era salvaje y solo para él, la tierra esta infestada de animales salvajes y gentes salvajes.
Para nosotros todo era mansedumbre. La tierra era bondadosa y nos sentíamos rodeados de las bendiciones del Gran Misterio.
La tierra, para nosotros, sólo se volvió hostil con la llegada del hombre peludo venido del Este, que nos oprime, a nosotros y a nuestras familias que tanto amamos, con injusticias insanas y brutales.
Fue cuando los animales del bosque se pusieron en fuga ante su cercanía, cuando comenzó para nosotros el "oeste salvaje".
(JEFE LUTERO OSO EN PIE)
Algunas personas hemos tenido la decisión, la fuerza y la suerte de vivir como animales, de abandonarnos a la naturaleza e integrarnos y unirnos íntimamente a sus ritmos durante algún período de nuestra vida. Ese contacto, más o menos profundo, nos da la perspectiva necesaria para comprender mejor la magnitud de las acciones del hombre.
Así, la construcción de una simple carretera, estrecha y de peq
ueña incidencia en el medio a juzgar por los informes de los técnicos, puede ser un acontecimiento grave visto desde las alturas de la montaña, entre los habitantes del bosque.
Si de vez en cuando el hombre pudiera contemplar las cosas por los ojos del lobo, seguro que actuaría sobre la naturaleza de una forma más respetuosa. Pero para ello tendría que dejar de lado su visión egocéntrica y su afán de dominio; a cambio alcanzaría un grado de conciencia universal, que le proporcionaría la paz interior y la satisfacción de sentirse parte integrante y activa de un universo maravilloso y complejo.
La llamada del lobo puede escucharla el hombre atento desde dentro y desde fuera de sí mismo. Cuando lo oímos en nuestro interior, es un largo aullido que nos trae el viento del Oeste y nos recuerda que no se puede huir siempre. A veces, nos refugiamos en un mundo de razón y consumo, para no enfrentarnos a nuestra soledad, al silencio, a la oscuridad del bosque, al lobo. Cuando abrimos estas puertas y reconciliamos al hombre lobo, vemos en el bosque el lugar más seguro, oscuro y confortable del mundo.
Esta reconciliación y aceptación de nosotros mismos es el paso imprescindible y primero para atender la llamada del lobo que está afuera.
Con su aullido, el lobo hace saber al que lo escucha que es libre, que está triste y vivo. Y para poder seguir escuchando su llamada, ese canto tan bello, el hombre habrá de cambiar profundamente. Ya no sirven las reservas en las que tanto gusta confinar a los seres "poco civilizados". Hemos de aprender a vivir con todos y no exterminar a los molestos.

El hombre ha errado su camino y ha ido tan lejos que ni noción tiene de sus errores. Hemos de tomar las decisiones como los sabios iroqueses, pensando en las siete generaciones que nos seguirán, y preservar lo poco que nos queda. Hoy no se trata de dejar vivir al lobo, pues su situación es tan precaria que tendremos que trabajar para conservarlo. El sabio mudo (así llaman al lobo en Salamanca y Extremadura) desaparecerá de la Península si continuamos consumiendo a este ritmo y pensando de esta forma
Hace muchos, muchos inviernos, la tribu de los lobos encontraba alimento en las grandes manadas que poblaban la tierra.
La tribu de los hombres también se alimentaba de esos animales, pero eran numerosos; había el pueblo hierba, de los lobos y de los hombres, y todos encontraban sustento unos en otros y los lobos y los hombres no rivalizaban entre sí. Todos vivían amparados en las leyes del Gran espíritu.
No sabemos con certeza cuándo ni de qué manera el hombre empezó a pretenderse poseedor, primero de animales, de los que se apropiaba y aprovechaba (así acaparó a diferentes tribus de entre los animales que comen hierba), después de tierras, ríos, árboles, montañas; esa fiebre le hizo pensar que todo podía ser poseído y hasta llegó a olvidarse de que hubo un tiempo en que todas las tribus se poseían unas a otras sin llegar a poseerse, como posee el Gran Espíritu.
La tribu de los lobos vio cómo el pueblo hierba desaparecía en muchos lugares debido en parte al fuego; y a la acción de los hombres, y por tanto ya no existían tan grandes manadas de herbívoros. Los lobos atacaban pues también al ganado que los hombres decían poseer, aunque apenas fuese excitante, ni siquiera muy placentera, una caza tan fácil.
Sin embargo la tribu de los hombres se enfadó y declaró la guerra a la de los lobos; y cada vez que estos últimos tenían menos alimento -los humanos parecían poseer un apetito insaciable- tenían que recurrir al ganado "de los hombres".
Así, hacerse y son contadas las personas que han visto un lobo en libertad, demasiadas las que lo han visto en televisión o en jaulas. “El mejor amigo, el lobo.
El mejor hermano, el lobo.
El mejor padre, el lobo.
La mejor madre, el lobo”

Artículo extraído de Alma Nativa, un precioso blog que os recomiendo visitar.
El lobo se respeta por sus habilidades para la caza, su resistencia y estoicismo. Es admirado por la devoción a la familia y la cooperación, el suministro de alimentos para todos, paralelo al de los nativos americanos a la tribu. Una mirada totalmente diferente a la de la civilización “progresista”. Para las tribus americanas el lobo significó desde siempre el más digno emblema de nobles cualidades, cualidades que han sabido encontrar no sólo en el lobo sino también en cada criatura de la Naturaleza.








































Guacimara dijo
LOBO: Enseñanza / Guía hacia lo Sagrado
Los Indios Americanos siempre han considerado a los lobos como maestros o señaladores de caminos. Los lobos son ferozmente leales a sus parejas y tienen un fuerte sentido de la familia, a la vez que mantienen su individualidad. En las estrellas, Lobo está representado por el Perro, Sirio, que muchas tribus aborígenes consideran ser el hogar de los Antiguos.
Probablemente los lobos son los animales salvajes más incomprendidos. Abundan los cuentos de su sangre fría, a pesar de tener rasgos amigables, sociables e inteligentes. Verdaderamente son espíritus libres, aunque sus manadas son altamente organizadas. Parecen hacer grandes esfuerzos por evitar los enfrentamientos, que raramente son necesarios cuando con un cambio en la postura, un gruñido o una mirada logra exitosamente hacerse entender.
Tradicionalmente, alguien con medicina de Lobo tiene un fuerte sentido de sí mismo y se comunica muy bien mediante cambios sutiles en la inflexión de la voz y los movimientos corporales. A menudo encuentra nuevas soluciones a los problemas, a la vez que proporciona la estabilidad y el apoyo que uno normalmente asocia con una estructura de familia.
La medicina de Lobo incluye el poder de enfrentarse a su propio ciclo con dignidad y valentía, la muerte y el renacimiento, la enseñanza del Espíritu, la guía en los sueños y las meditaciones, el instinto ligado a la inteligencia, los valores sociales y familiares, la astucia sobre el enemigo, la habilidad de pasar desapercibido, la constancia, la destreza de protegerse a sí mismo y a su familia, la habilidad de aprovechar los cambios.
MITAKUYE O´YASIN
11 Noviembre 2007 | 02:43 PM