El hombre y el lobo: similitudes de dos cazadores sociales
Durante miles de años, el hombre y el lobo han competido por las especies presa. El cánido contribuyó a la extinción del temible tigre diente de sable, que como él, predaba sobre grandes animales, y a continuación absorbió su nicho ecológico, aunque el Homo Sapiens tuvo menos éxito en la extinción del lobo, que cuenta con la ventaja de ser un cazador social. Cuando no se puede destruir a un enemigo, una alternativa muy inteligente es aliarse con él; así hace aproximadamente 10.000 años y varias veces en diferentes lugares, el hombre domesticó al lobo y lo convirtió en su mejor amigo.

La opinión de que las semejanzas que se observan entre el perro y el hombre no se deben al hecho de la dependencia manifiesta que tiene el perro con respecto a los humanos, sino que están motivadas por las adaptaciones paralelas que ambas especies establecieron cuando eran cazadoras y acomodaron su comportamiento a zonas similares, ecológicamente hablando.
Existen impresionantes analogías que presentan el lobo y el actual hombre cazador y recolector. Se trata de animales sociales cuyas unidades vitales son relativamente pequeñas en número. Ambos son inteligentes, claramente más inteligentes que las presas de las que viven. Ambos son capaces de realizar esfuerzos físicos extremos, y lo que es más importante, sostener ese esfuerzo físico en un nivel relativamente alto. Ambos explotan terrenos abiertos y bosques claros. Las dos especies tienen aproximadamente el mismo peso corporal y son virtualmente inmunes a la depredación.
La estructura demográfica de las manadas de lobos muestra unas características que se ajustan perfectamente a las que presentaban las bandas de los primeros humanos. Tanto en unos como en otros existe un óptimo en el tamaño del grupo que está en estrecha relación con la disponibilidad de alimento. En ambas especies existen tendencias a la regulación de los nacimientos, por la rivalidad de las hembras en los lobos, y a través de tabúes contraceptivos o incluso infanticidios en los humanos.

Los lobos y la mayoría de los grupos humanos tienen un líder encargado de tomar las decisiones y algunas formas de jerarquía de dominio u orden de rango. Tanto los niños como los lobeznos disfrutan de mucha libertad y son tratados generalmente con indulgencia por sus mayores. Las dos especies comparten el alimento y ejecutan muchos rituales de control dentro del bando; otros ritos poseen la función de mantener unido al grupo y de establecer, conservar y reforzar las alianzas y lazos de parentesco.

Tanto en las manadas de lobos como en las tribus humanas existe el comportamiento de xenofobia, es decir, el rechazo hacia los extraños, e incluso el ataque de un grupo a individuos no familiares. Dentro de la manada o tribu son los rituales los que permiten regular las distancias sociales entre todos sus miembros. Los rituales cohesionantes o ceremonias incluyen cantos comunales, expresiones de sumisión en grupo y comportamiento de deferencia hacia el líder, a lo que éste puede responder haciendo ostentación de su status. La individualidad sumerge en el grupo y éste reacciona como un único organismo social con una “mente colectiva”. En los lobos, el aullido y las expresiones de saludo o sumisión activa con movimientos de cola y lameteos en la cara que se producen especialmente antes de que la manada salga de caza tienen el mismo significado que las elaboradas danzas tribales que ejecutan los pueblos cazadores recolectores antes de que una partida realice la actividad cinegética. Ambos rituales disponen a todo el grupo a funcionar como una unidad muy eficiente bajo la dirección del líder.
No podemos encontrar ninguna especie que ocupe un nicho idéntico al de los primeros homínidos, pero lo cierto es que el lobo holártico puede haber evolucionado en una dirección suficientemente similar a la de los homínidos del Plioceno como para que el estudio de su organización social pueda ayudar al desarrollo de modelos de comportamiento de nuestros primeros antepasados.
Yo, por mi parte, estoy convencido de que el intelecto, los intereses, las bases de nuestra vida social y las emociones del Homo Sapiens son productos de nuestra primera forma de vida cazadora. En consecuencia un estudio de nuestro pasado puede aclarar muchos aspectos de nuestra propia naturaleza y ayudar a comprender no sólo lo que hemos sido, sino también lo que ahora somos, y quizá a dónde vamos a llegar en el futuro; y el lobo y otros cazadores sociales nos auxilian en la tarea de entender algunos aspectos de nuestro propio pasado.







































Gelu Wolf dijo
Muy bueno.
Aunque tengo claros apuntes extras del tono ideológico... que ahora no me veo con ganas de exponer. Porque seguro lo haría mal.
Wolf Powah! que dirian los ingleses!
Un saludo. Buen Blog
13 Agosto 2008 | 06:48 PM