Las loberas: afortunadamente, en la actualidad sólo de interés etnográfico

Los lobos ya no significan una amenaza grave para los rebaños que pastorean en las montañas del norte de la provincia, pero en otro tiempo este animal fue el enemigo número uno de muchos valles y de aquella época quedan unas cuantas loberas que dan idea de los esfuerzos que los hombres de entonces tuvieron que hacer para enfrentarse a los lobos que diezmaban sus rebaños y arruinaban a las familias. En valles como el de Losa, las capturas colectivas de lobos aún se recuerdan.
Se conservan restos de loberas importantes en Castrobarto, Relloso, Berberana, Villabasil, Río de Losa, Huidobro (Los Altos), Espinosa de los Monteros, pero tal vez sea la de Pérex, en el Valle de Losa, la más significativa de todas. Se llega a ella andando monte a través, siguiendo un camino señalado, atravesando una pacífica vacada; enseguida se la ve: un paredón de dos metros de altura que atraviesa el monte salvando las dificultades del terreno y cerrando el paso.

La tarea de construir lasloberas y dar las batidas mancomunó pueblos. La lobera de Pérex son dos paredones de piedra sobre piedra que aprovechan los accidentes del terreno para cerrarse el uno contra el otro en un embudo donde acababa llegando el lobo acosado, al que no le quedaba más remedio que saltar a un foso en el que recibía muerte a palos y pedradas. Al final de recorrido, unos metros antes de ese foso, hay una defensa en la que se escondía un encargado de acosarlo en el tramo final para que la presa saltara al agujero.
La corrida extenuaba a aquellos hombres organizados. Cuando se detectaba la presencia del lobo en los contornos, un toque de campanas alertaba en los pueblos de su presencia. En menos de dos horas todos estaban en sus puestos, abandonaban sus faenas e iban corriendo hacia la lobera con perros y palos en la mano. En el pueblo hacían ruido y lanzaban cohetes para azuzar al lobo; cada vecino sabía lo que tenía que hacer para procurar que el animal entrara en la trampa. La corrida era agotadora, pero finalmente la presa solía caer y rendir culpas por toda su especie.
A no pocos juicios de lobos en el Valle de Losa acudía también el cura. Ya en el foso, el lobo capturado era acusado de todos los ataques sufridos en los contornos desde el último animal capturado y condenado a morir a golpes y a pedradas del público congregado. Después, sus despojos eran paseados por pueblos y mercados, contada la captura, juicio y muerte de enemigo, y la piel subastada en algunos casos.
Las loberas son ahora elementos etnográficos en el norte de la provincia de Burgos porque los lobos ya son especie protegida, como algún día tendrá que serlo el caballo losino, otra especie que siempre acampó a sus anchas por los montes del Valle de Losa y que hoy aúlla ante un futuro incierto.








































Jagoba dijo
La lobera de Castrobarto es algo digno de ver y muy curioso, además está francamente bien conservada.
23 Febrero 2009 | 02:15 AM