La mirada del lobo
"Nu nca te enfrentes con la mirada del lobo. No debe hacerse...."
La sociedad de los años setenta consideraba al lobo como a una bestia maléfica y perniciosa. Eso me lo habían enseñado en la escuela y así lo referían: "El lobo se divierte mientras mata y devora a las ovejas. Y si se le pone al alcance incluso es capaz de acabar con un indefenso bebé." Era considerado el taimado, el traicionero y el rebelde. En mi pueblo ya no existían los lobos.
Sucedió aquel verano en la Provincia de León. Nuestro querido tío Juan Jesús, "El forestal" así lo llamábamos mí hermano y yo, invitó a nuestra familia a acompañarlo durante unos inolvidables días a un centro forestal ubicado entre bosques.
"Aquí sí que hay lobos" sentenció, nada más vernos llegar mientras adivinaba en nuestros semblantes dilatados un apremiante requerimiento.
Fueron semanas o tal vez días de inusitada brevedad, en los que el sol ardía sobre el tupido pinar y al atardecer se retiraba como si huyera con prisa. Días que daban para tanto a pesar de todo. Buscar truchas, divisar las sombras de los grandes salmones apostados en el río, espantar las perdices del trigal o dar una vuelta en el carromato que ceñían al lomo de la colosal mula "Fragorosa" que era capaz de tirar p´alante con freno echado y todo, un carro repleto de humanidad.
Recuerdo la primera vez que mi tío nos mostró las huellas del feroz depredador, me llevé una gran decepción, pues mi calenturiento cerebrito imaginaba al lobo como a un ser de talla desproporcionada y monstruoso, y ver aquellas menudencias no lo podía creer. Claro, simples huellas de perro, terminé por concluir. Y quise advertir en ello una broma sin sentido de mi tío.
Aunque luego los aullidos... Los de la primera noche.... Aquellos aullidos, esos sí que los creí. ¡Allí realmente debía de haber lobos! Un miedo ancestral se apoderó de mí y balbucí una absurda risa entrecortada.
Pero no todos opinaban igual. Tuvo que ser Paco, el guardia de la propiedad, quien nos desvelara que los lobos eran como perros fantasmas que se movían con increíble agilidad. Muchas veces los encontraba en el camino hacia el pueblo, y Alarico, su poderoso mastín de los Pirineos, se detenía asustado a su lado.
Paco fue la primera persona que descubrí en el mundo que no hablaba mal de los lobos, la segunda mi hermano y la tercera habría de ser el afamado naturalista: Don Félix Rodríguez de La Fuente, y sus increíbles programas que me desvelaron la vida y costumbres del denostado animal.

En una oportunidad, al atardecer, habíamos salido a dar una vuelta y nos despistamos. Íbamos a caballo. Paco nos permitía hacerlo siempre mientras nos mantuviéramos próximos al Centro Forestal, pues sabía del instinto equino que, aún en las peores circunstancias, les permite hallar el camino de vuelta al establo.
El sol se puso de prisa, en algo más de media hora no se vería una sombra. De pronto los caballos comenzaron a piafar nerviosos y como alcanzados por un rayo paralizante, se detuvieron uno contra el otro. Y allí, unos metros ante nosotros, algo escuálidos, pero de andares rápidos y sigilosos, vimos los perros más raros y preciosos del mundo.
Mi hermano no se contuvo y de un brinco desmontó del caballo y fue hacia ellos. ¡Realmente estaba desbocado! Qué pretendía me pregunté sobresaltado. ¿Hacerse el valiente, azuzarlos, tocarlos? ¡Qué se yo! Pero mi hermano era así...
De pronto y para su sorpresa uno de ellos, un lobo hermoso de pelaje gris oscuro se detuvo y lo miró mientras alzaba la pata delantera. Ese gesto contuvo también a mi hermano y ambos permanecieron observándose instantes que parecieron horas. A continuación el lobo reemprendió la marcha. Bastó un movimiento para que se perdiera en la espesura.
Después de unos instantes, ambos volvimos en mi caballo pues el de mi hermano echó a galopar hasta desaparecer en un abrir y cerrar de ojos. Creo recordar la mirada de mi hermano cuando se giró después de su fulgurante encuentro con el animal; no habló, ni siquiera preguntó por su caballo, tampoco abrió la boca para soltar una exclamación de admiración. Sólo vino hacia mí y con una seriedad incomprensible me tendió una mano temblorosa, me miró con detenimiento y su mirada de ojos verdes y profundos, aquella mirada contemplativa e impávida era... la misma del lobo...
José Fernández del Vallado : Josef
Madrid, enero 2006


La mirada del lobo, cuenta la leyenda que pocas son las personas que pueden resistir su mirada sin volverse locos. Eso fue lo que llevó a la gente de la Edad Media a crear todo tipo de leyendas en torno a este animal. Decían que era el hijo del demonio, que era la reencarnación de la maldad, que era una bestia sanguinaria que devoraba a los inocentes. Pero lo cierto es que las personas tenían miedo de su mirada, la mirada de un lobo hace que veas la verdad y la verdad es lo que siempre ha temido el ser humano. La mirada del lobo hace que todas las personas, ya sean reyes, caballeros, sacerdotes o campesinos comprendan que solo son seres insignificantes, que el poder no sirve de nada, que tanto las personas como el mismo lobo acabarán pudriéndose en la tierra por mucho poder que tengan. Es normal que todo el mundo tema al lobo, tiene el poder de arrebatar el poder con una simple mirada.

Lo último que querían los sacerdotes era cruzarse en el camino de un lobo. Veían en los ojos de los lobos el reflejo de las mentiras y los horrores en los que se basaba la fe del sacerdote. Los sacerdotes perseguían el poder divino y no soportaban que un simple chucho les arrebatara ese poder, por eso crearon esas falacias y mentiras sobre los lobos, para que los aldeanos odiasen a los lobos y siguiesen alabando a los sacerdotes. Lo mismo pasaba con los campesinos, tenían el poder de controlar su ganado y no querían que los lobos les arrebataran ese poder. Pensareis que los lobos también hacían uso de su poder y ferocidad para arrebatar el poder a los campesinos, pero los lobos solo se guían por el poder de la vida. Si los campesinos se adentraban en su territorio y los lobos tenían que sobrevivir estaba claro que iban a comer ovejas. No conformes con invadir el territorio del lobo, los campesinos insaciables de poder, decidieron echar a patadas a
los lobos usando de nuevo su poder. Es normal que a un campesino se le hiele la sangre cuando se encuentra solo en el bosque y un lobo le mira desde la lejanía, ve toda la maldad con la que los campesinos echaron a los lobos del bosque reflejada en los ojos de este noble animal. Lo de los reyes y los nobles fue lo peor de todo, hartos de escuchar que los campesinos tenían más miedo de los lobos que del mismísimo rey decidieron perseguirlos y asesinarlos para utilizar su piel de vestimenta y demostrar quien tenía el poder. Es normal que los reyes no soporten la mirada del lobo, ven el desprecio ante un ser inferior en los ojos del animal, pero no es más que el reflejo de la inferioridad con los que miraba el rey al animal. Ese es el autentico poder de la mirada del lobo, es como un espejo donde se refleja el alma, hace que te veas como realmente eres. Los antiguos decían que ver al lobo a los ojos era igual que ver a la maldad a los ojos, pero lo que no sabían era que esa maldad era el reflejo de la suya. En realidad ver al lobo los ojos es ver tu propia alma. Aquel que es capaz de ver nobleza y cordialidad en la mirada del can es porque será noble, cordial y privilegiado, ya que pocos son los humanos que ven esos atributos en los ojos del lobo. Esto no es más que una leyenda creada por un chiflado que pretende devolver el honor que merecen estos animales atacados injustamente por el ser humano. En la actualidad, los tiempos han cambiado, todavía siguen habiendo reyes, nobles, campesinos y sacerdotes, pero esta vez se han librado de los lobos, convirtiéndolos en fieles esclavos, los perros. Por suerte algunos humanos han aprendido a imitar la mirada del lobo, para tratar de arrebatar el poder de quien no debe tenerlo. Aquel que sea capaz de retener la mirada de un lobo, será capaz de dominar su mirada...
Texto extraído del blog "La última guarida"











































cuenk. dijo
Vaya, me alegra que mis textos aparezcan en esta pagina, ha sido una sorpresa realmente positiva ¿Quien me lo iba a decir? No es mi intención con todo esto acusar a nadie de nada, ni mucho menos, simplemente alegar que no hubiese estado de más pedir permiso, permiso que hubiese concedido de buen grado ya que considero que las ideas no tienen dueño y mucho menos las palabras, pero como mínimo a uno le agrada que otros le avisen de que su idea va a ser expuesta en otros sitios. Pienso que por lo menos podrías avisar. Me alegra que compartamos ese afán por la mirada de ese cautivador animal. Tengo nuevo blog por si te interesa, este un poco más centrado en lobos y puesto que no me gusta publicitarme a través de comentarios si quieres informarte mándame un mensaje. Por cierto yo tambien quiero tener una experiencia como la tuya, sería maravilloso nunca he tenido esa suerte. En fin, un fuerte abrazo.
28 Marzo 2009 | 09:38 PM