Entre lobos, la historia y la película
Artículo y fotos El Mundo.
El 20 de enero de 2007, en las portadas de varios diarios españoles aparecía la foto de una chica de rasgos asiáticos que había estado 20 años perdida en las selvas de Camboya. Uno de estos periódicos cerraba la noticia con la dirección de una página en Internet, www.feralchildren.com, que hablaba ampliamente de este caso y de otros similares. Para los que nos empeñamos en buscar historias que contar, esta página podría ser un buen lugar donde encontrar algo interesante, pensé, así que encendí el ordenador y accedí a ella. Su contenido me pareció extraordinario, incluía una lista de 137 casos documentados de niños y niñas que fueron confinados por sus padres, o se perdieron en la naturaleza, o fueron abandonados y lograron sobrevivir gracias a su instinto de supervivencia o con ayuda de animales salvajes. Aparecen ordenados por antigüedad, desde el primer caso del que se tiene constancia, allá por el año 250, un muchacho italiano criado por una cabra, hasta el último descubierto hace tan sólo unos meses en Rusia.
Fui pinchando uno por uno, descubriendo historias conmovedoras como la de un niño rumano de siete años, Traian Caldarar, escondido en las montañas de Transilvania durante tres años huyendo de la violencia familiar. Lo encontró un pastor viviendo en una caja de cartón, no sabía hablar y estaba desnudo junto a un perro muerto del que se alimentaba. O el de las hermanas Kamala y Amala, dos de los casos más interesantes de niños salvajes. En 1920, el reverendo Joseph Singh, un misionero que dirigía un orfanato al norte de la India, escuchó a los nativos hablar de que dos niñas habían sido vistas acompañadas de una manada de lobos cerca de Midnapore, en la jungla de Bengala. Intrigado y ante la insistencia de los campesinos, el misionero construyó un escondite en la copa de un árbol, justo encima de una guarida de lobos. Con la salida de la luna llena, el misionero vio salir a los lobos y, tras ellos, a dos figuras deformes y jorobadas.
Leyendo detenidamente cada una de las historias, fui recorriendo la larga lista hasta llegar al año 1965, donde aparecía un nombre, Marcos Pantoja, y seguido de: Sierra Morena, España, y entre paréntesis (Isolated). Me entró una cosilla por el cuerpo, como un pellizco en la tripa. Porque en ese instante intuí que ahí, detrás de ese nombre, se escondía una gran historia. Cliqueé. Conforme iba leyendo me iba emocionando porque lo que allí se describía era algo fabuloso que reunía los ingredientes perfectos para el guión de una película. Cuando acabé de leer el artículo, junté las manos, apoyé la frente sobre ellas, metí la nariz en medio y supliqué para que Marcos siguiera vivo. Si la información era correcta, tendría 62 años.
En la parte superior derecha de la página había una pequeña foto de Marcos en blanco y negro y, debajo, una escueta ficha en la que se daban algunas fechas y datos. Más abajo, en otro recuadro, se podía leer: «Conozca más acerca de Marcos Pantoja en», y escrito en inglés y catalán, el título de un libro: 'El Pequeño salvaje de Sierra Morena'. Pinché el enlace en inglés (no hablo catalán) y se me abrió una nueva página con el nombre del autor, Gabriel Janer Manila; la editorial, Prometheus Books, 1982-10; el nombre de la traductora y el depósito legal. A la derecha, había otro enlace en color azul para comprar el libro a través de Amazon.com. Encontré uno de segunda mano por seis dólares en una librería de Portland, Oregón, y rellené todos los datos necesarios para que me lo enviaran a casa. Luego tecleé el nombre de Marcos Pantoja en Google, pero no encontré nada (toda la información que hay ahora es posterior), así que escribí el de Gabriel Janer y entré en su web. Descubrí que, aparte de escritor y padre de Mari Pau Janer (finalista Premio Planeta 2002), era catedrático de antropología y sociología en la Universidad Islas Baleares. Bajé a CONTACTO y le mandé un mail contándole lo que me acababa de ocurrir y le pedí si nos podríamos conocer personalmente. El resto del día lo dediqué a buscar más información sobre Marcos en Internet. Lo único que encontré fue que un dramaturgo británico, Kevin Lewis, había escrito una obra de teatro llamada 'Marcos', basada en su proceso de reinserción social. Días más tarde recibí un mail de Gabriel citándome dos semanas más tarde en su despacho de la Universidad de Palma de Mallorca.
Llegó el día de la cita. Estuvimos charlando cerca de dos horas y luego me invitó a almorzar antes de tomar mi avión de regreso a Madrid. Durante el vuelo trataba de ordenar todo lo que Gabriel me había contado, y no dejaba de preguntarme cómo una historia tan increíble había podido caer así en el olvido. ¿Quién no ha oído hablar del 'Pequeño Salvaje' de Trufaut? Por un lado estaba muy contento porque la charla con el antropólogo no hizo más que apuntalar la fabulosa historia de Marcos, respaldada por su tesis doctoral y que posteriormente terminó publicándose en un libro. Pero por otro, estaba algo preocupado porque Gabriel llevaba 15 años sin tener noticias suyas y pensaba que podría estar muerto.
Unas semanas más tarde enfilaba la A-4 en dirección a la Añora (Córdoba), el pueblo donde Marcos nació, para continuar con la investigación. Por el camino logré contactar con Bartolomé, su alcalde, quien tres horas después me recibía en el Ayuntamiento. Mientras le contaba la historia él me miraba con ojos de incredulidad. Nunca había oído hablar de ello, pero lo que sí me consiguió fue su partida de nacimiento y con ella, comenzamos a tirar de la madeja. Alguien del propio Ayuntamiento conocía a una prima de Marcos que vivía en el vecino pueblo de Alcaracejos y, después de visitar la casa donde él nació, fui a verla. Me contó que las últimas noticias que tenía eran de hacía unos 13 años; que vivía en una cueva en Alhaurín el Grande, en Málaga, y que una vez fue a verlo, pero no lo encontró. También me dijo que un vecino le comentó que solía bajar al bar de la Casa de Cultura a tomarse unas cervezas, pero que hacía bastante tiempo que no lo veía.
Regresé a Madrid y la búsqueda de Marcos entró en vía muerta. Pero unos meses más tarde, cuando estaba preparando con José María Morales, mi productor, el viaje a Alhaurín para continuar con las pesquisas, llegó el golpe de suerte. En ese tiempo una amiga se estaba divorciando de su marido y contrató a un detective privado para que averiguase si tenía una amante. En 24 horas los fotografió besándose a las puertas de un restaurante, así que pensé: «Este tío es un fenómeno, si ha sido capaz de pillarles rápido, no creo que tenga mayor problema en averiguar si una persona está viva o muerta». Le telefoneé, le di los datos y esa misma noche me devolvió la llamada: «Gerardo, ya lo tengo localizado. No te vayas para Málaga porque vive en una aldea de Orense, apúntate el teléfono». Cuando colgué me temblaban las manos. Habían pasado 10 meses desde que descubrí su historia en Internet.

El teléfono sonó varias veces antes de que alguien contestara al otro lado. Su voz tenía un marcado acento gallego. Me presenté y le pregunté si allí vivía Marcos, el chico que estuvo aislado 12 años en Sierra Morena. El hombre guardó unos segundos de silencio antes de contestarme: «Sí, vive aquí. ¿Pero qué quiere usted?». Le expliqué con detalle que llevaba casi un año buscándolo, cómo descubrí su historia; Gabriel el antropólogo; su casa en Añora, y también que conocí a varios familiares que querían saber de él. «No sé si querrá hablar con usted, pero llame en 10 minutos». Y me colgó el teléfono.
No esperé ni tres minutos y volví a llamar, estaba deseando hablar con Marcos. «¡Digaaaaaa!». Era él. Y cuando por fin oí su voz, me emocioné. Se me hizo un nudo en la garganta.
— Hola paisano, llevo casi un año buscándole. Por fin le encuentro.
Marcos se rió con una sonora carcajada.
— He estado con algunos familiares suyos que también han intentado localizarle.
Guardó silencio y luego me contestó:
— Güeno, es que mi vida a sío dura.
— Lo sé. Me gustaría conocerle personalmente y que charlemos largo y tendido...
— Pues véngase por aquí, vivo en... ¿Pero cómo coone me ha encontrao?
— Mañana se lo cuento en persona, si no le viene mal.
— ¿Mañana? Está bien, por mí no hay problema.
Colgué el teléfono y me quedé un buen rato en silencio con una sonrisilla de felicidad. Al día siguiente, por fin, iba a conocer a Marcos.

* Gerardo Olivares es director de cine. Ha estrenado con éxito 'La Gran Final' (2005) y '14 kilómetros' (2006). 'Entrelobos' se estrena en otoño.
VIDA DE LOBO
por FERNANDO MAS

Cuando quedan atrás las horas entre peñascos, hierbas y agua del río; cuando el cuerpo pide un trozo de pan, otro de panceta y un trago de vino; cuando desaparecen de la retina imágenes y del oído sonidos desconocidos para un urbanita, es entonces cuando surge la verdad de la historia. «Los animales son mejores que las personas».
A Marcos Rodríguez Pantoja lo vendió su padre, Melchor, como quien vende un perro cuando se convierte en un estorbo. Marcos tenía siete años, quizá uno más o uno menos. La memoria le flaquea y para el caso es lo mismo. Lo vendió Melchor a un pastor de Sierra Morena. Por aquel entonces —y aquel entonces era 1953, porque Marcos nació el 7 de junio de 1946— era algo normal que familias sin posibles colocaran a los hijos allá donde les dieran algo de comer y les enseñaran un oficio. Marchó Marcos rumbo a la sierra con ese pastor, Damián. Aprendió a cuidar las 300 cabras, a cazar, a buscar comida, a hacer fuego y a estar solo. Un día Damián salió a cazar un conejo. Le dijo que lo esperara en la cueva. Nunca más volvió. El pastor no regresó. Marcos no supo nunca más de aquel hombre. Se quedó solo. Era un crío. De vez en cuando recibía la visita del dueño de las cabras, que le llevaba un pedazo de pan. Pero nada más.
Empezó así la vida de Marcos entre lobos. «Un día oí ruido detrás de unas rocas. Me acerqué y había unos lobeznos. Les fui a dar comida, a revolcarme con ellos… Vino la loba y lanzó un mordisco… Me fui… Un día estaba en la cueva y entró la loba. Yo me fui al fondo… Creía que me iba a comer… ¡Como antes me había atacado! Pero me dejó un trozo de carne… Me lo iba acercando… Y al final se acercó y la abracé… Y fueron confiando en mí. Yo les daba comida y jugaba con los lobeznos y poco a poco, así, fue como me fui convirtiendo en el jefe de la manada».
Marcos cazaba conejos con pegajosos palos de jara. Los metía en la madriguera y la resina se pegaba en la piel de los animales. O cazaba ciervos con ayuda de los lobos, que azuzaban al venado hacia el río y allí Marcos les daba muerte. A los peces los hacía entrar, a una suerte de cueva que fabricaba en el río. Los peces, atraídos por los restos de los animales muertos que Marcos metía entre piedras, se metían en la trampa. Cuando estaba allí, Marcos soltaba una piedra contra la laja que cubría la cueva y atrapaba a los peces.
Así vivió Marcos días y meses y años. El pelo largo, por la cintura, impregnado del olor de sus amigos los lobos. La piel curtida por el sol y también rezumando ese aroma tan fuerte. Se movía como ellos, vivía como ellos, aullaba como ellos. Cazaba, hacía fuego y descubría sus instintos básicos en soledad. Lo sacó la Guardia Civil del monte cuando Marcos contaba ya 19 años. Un guarda de una finca próxima lo delató y lo prendieron. Lo mandaron para Madrid. Con unas monjas. El mismo día que lo cristianaron lo mandaron al servicio militar. Carne de cañón. Cuando se licenció le recomendaron irse a buscar trabajo a Mallorca. Allá se fue. Y cayó en manos de gente que lo maltrató, que se rió de él, que lo menospreció. A él, que se había criado con lobos.
Hoy, 40 años después, en esta finca de Cardeña, en Sierra Morena, Marcos vuelve a estar rodeado de lobos. Se suben sobre él, lo huelen, lo buscan. Él se tira al suelo, los besa, se siente uno más. Pepe España, lobero de Cañada Real (Peralejo, Madrid) que ha criado a esos cinco animales, no ha visto nada igual en los días de su vida, dice. Se queda impresionado de cómo los lobos se acercan a Marcos y se 'funden' con él sin haberlo visto nunca antes jamás.

A Marcos lo encontró Gerardo Olivares, director de cine, en Galicia. Una labor de espía. Más importante aún: lo encontró porque descubrió su historia, porque le apasionó su historia y porque decidió contar su historia. El sol alumbra este día de rodaje en Cardeña. El equipo mueve a los lobos y Marcos recorre el monte ajeno a la gente. Los animales se acercan a él. Se van. Las hembras en celo. Los machos marcando territorio.
Olivares, cámara en mano, graba lo que se graba el equipo de rodaje de naturaleza, graba las peleas entre lobos, graba a Marcos buscando hierbajos para hacer el ruido de la perdiz. O a Marcos bebiendo agua en el río como sólo bebe agua en el río quien ha vivido entre alimañas. O a Marcos rebozándose por el suelo con una loba. Impresiona Marcos. Impresiona. Se sube a una roca. Aúlla. Los lobos lo sienten, lo oyen, lo rodean. Aúllan. Aúllan todos juntos. «Los animales son mejores que las personas».
Ahora Marcos no sólo es el guión de su película. Es su amigo. Gerardo nos contó esta historia hace un año. Pidió que el tiempo transcurriera hasta que él pusiera en marcha sus cosas. Hoy rueda 'Entrelobos'. Con Juan José Ballesta, Sancho Gracia y otros. Estrena en otoño. Marcos sigue en Galicia. Ahora recordando su vida de lobo gracias a Gabriel Janer —que acaba de publicar 'He jugado con lobos'— y Gerardo Olivares.
Aúlla Marcos en la roca. Feliz. «Esto es… No se puede explicar».
Para ir al reportaje original aquí










































galeria dijo
Hermano lobo...
25 Abril 2010 | 09:46 PM