Llegan al mundo los lobeznos

La época del apareamiento en Norteamérica suele tener lugar a principios del invierno, y en España, en febrero y marzo. Datos fidedignos parecen demostrar que se disuelven las manadas, yendo por un lado la pareja reproductora y por otro, los jóvenes, que forman grupos de caza. Otras observaciones también dignas de crédito insisten en que no hay rupturas de grupos y los jóvenes y miembros improductivos del clan colaboran con los reproductores para alimentar a los cachorros. En definitiva, parece que el comportamiento reproductor del lobo es también muy adaptable y depende del hábitat, la densidad de presas, la presión humana y otras causas.


Los lobos, al igual que los perros, permanecen unidos después de la cópula entre ocho y dieciséis minutos. La gestación es de unas nueve semanas, y el número de cachorros que la loba trae al mundo de cinco a siete, por término medio. El alumbramiento suele tener lugar en el interior de una madriguera que la propia loba cava en un terreno blando, otras veces entre la maleza. La loba es muy cuidadosa de sus pequeños y los cambia de sitio tan pronto como cree que su emplazamiento ha sido descubierto. Durante la lactancia el macho caza para su compañera, lo mismo que el resto del grupo cuando no se disuelve la manada. Los lobos transportan entonces la carne en el estómago y la regurgitan, como los licaones africanos, para que coma la loba que cría a los cachorros y éstos mismos cuando llegan a cierta edad.


Los lobeznos vienen al mundo cubiertos de un apretado y corto pelaje negro que van perdiendo hacia los tres meses de edad, cuando comienzan a cubrirse con el largo pelambre negro y gris de los individuos maduros. Los machos alcanzan la madurez a los tres años, y las hembras a los dos. Cuando subadultos, en período de aprendizaje, los jóvenes lobos reciben el nombre de lobatos; de cachorros, se llaman lobeznos.







































